Contrario a la creencia popular, la mayoría de los buenos líderes se forman, no nacen con el don de mando. He aquí 8 pasos para comenzar dicha preparación.
Reconoce siempre el mérito: La manera más eficaz de lograr que los demás se desempeñen bien es tratarlos como héroes
Acepta riesgos calculados. Los mejores dirigentes saben hacerle frente a un riesgo con inteligencia más que con impulsos irracionales
Muestra el camino: Se un modelo ya que lo mejor es ser como uno quiere que sean los demás y esto se vea reflejado en las propias acciones
Conserva la fe en los otros: Si confías que los demás van a cumplir adecuadamente con su cometido, así ocurrirá por lo que hay que comunicar dicha confianza. La fe depositada en una persona le inspirará a esta confianza en sí misma y esto genera compromiso
Fija el rumbo: La gente sigue a quienes prometen y alcanzan el éxito y no seguirán a alguien que no se dirija a un objetivo bien definido
Se competente: Si el conocimiento es poder, los verdaderos líderes saben que su experiencia y pericia son parte de su carisma
Representa el papel que te corresponde: Los buenos dirigentes han aprendido a proyectar una imagen de triunfadores y no descuidan ni la apariencia ni los modales. Su compañía suele ser grata, su plática amena y su comportamiento sereno y confiado
Delega: Más que acaparar todas las funciones, se lo suficientemente inteligente como para reconocer y aprovechar las habilidades de los demás
Texto, original de Sherry Suib Cohen, condensado del Selecciones de Reader's Digest de 1989