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¿Disfrutas del Regalo de Dar?
Una anciana campesina caminaba lentamente, cargando con dificultad un atado de leña para alimentar la hoguera en que cocinaba.
Un joven juez que en su tiempo libre paseaba por el campo se encontró con ella y conmovido por la edad y las condiciones en las que vivía la humilde mujer, decidió buscar la manera de ayudarla.
El rancho de la anciana era un pedazo de techo caído sobre una pared, formando un espacio triangular, dentro del cual vivía la mujer.
La señora hablaba en forma alegre y determinada. Le contó al juez que comía de lo que crecía en la granja, que tenía algunas gallinas y una vaca que le producían lo indispensable.
No había tonos de queja ni de carencia en la conversación de la anciana. Por el contrario, sus palabra estaban llenas de gratitud y esperanza.
Después de haber conversado un buen rato, el juez le preguntó a la campesina:
- Disculpe señora, ¿hay alguna forma en la que la pueda ayudar? ¿Tal vez ropa? ¿O medicinas? Si en algo puedo apoyarle sólo dígame y con gusto haré lo que pueda.
La anciana guardó silencio por un momento y finalmente respondió:
- Muchas gracias, en realidad no necesito nada para mí, pero sí para el viejito.
- ¿El viejito?-. preguntó el juez.
-Sí-, continúo la señora -, está muy enfermo, está adentro de la casa y ya no se puede ni parar, tiene muchos dolores y tengo que hacerle todo porque el pobre no puede ni moverse.
- ¿Y qué tiene su esposo? - replicó el juez, sorprendido.
- No es mi esposo -respodió la anciana-, es un viejito que encontré desamparado y ¿cómo lo iba a dejar solito? Por eso desde hace como dos años que lo estoy cuidando.
Nadie es tan pobre que no pueda dar porque nadie es tan rico que no necesite recibir. Así que está semana haz algo por quien no conozcas y aprenderás el regalo de dar.
Historia contada por Carlos Devis, del Club Positivo. [/size]